EN BUSCA DEL ARCO IRIS

4 julio, 2019 Eva Mª Navarro Albaladejo

EN BUSCA DEL ARCO IRIS

En una época muy muy lejana, el Paleolítico vivía una niña llamada Betsabé.

Betsabé tenía de mascota un pequeño jabalí de nombre Patricio.

Cada día, mientras el papá de Betsabé cazaba y su mamá trabajaba con las pieles, Betsabé y Patricio jugaban y jugaban sin parar. Corrían, saltaban, cantaban, escalaban montañas, trepaban árboles, todo era diversión y alegría.

Una mañana, jugando al escondite, Betsabé y Patricio descubrieron una cueva al otro lado del río. La entrada a la cueva era tan pequeña, que solo cabía un niño. Sin pensarlo dos veces Betsabé se adentró en la cueva, estaba oscuro, Patricio a su lado temblaba de miedo, y no se separaba de su amiga. De repente, al fondo escucharon un ruido, como un gemido, y conforme se iban acercando la silueta de una niña se fue materializando. Ahí temblando y hecha un ovillo, acurrucadita, una niña de pelo largo y negro como el carbón, lloraba y lloraba desconsolada.

– ¿Por qué lloras? -preguntó Betsabé a la pequeña.

Pero la niña, triste no contestaba.

Betsabé comprendió que estaba asustada y optó por sentarse a su lado, darle la mano y esperar a que la niña se tranquilizarse y quisiera hablar. Mientras tanto Patricio correteaba alrededor de las dos pequeñas cogidas de la mano.

Poco a poco, el llanto de la niña fue a apagándose hasta el punto de desaparecer.

–              Me llamó Aitana ¿y tú? Dijo finalmente la niña

–              Betsabé, me llamó Betsabé y él es el pequeño Patricio. ¿Por qué estás tan triste Aitana? ¿por qué estás sola? – preguntó Betsabé

Sin soltarse la mano, Aitana contó a su nueva amiga, que su abuela, hace mucho tiempo Le encargó una misión. En un país lejano vivía Esperanza, el Hada del Arco Iris. El Hada del Arco Iris tenía la responsabilidad de guardar y cuidar el Arco Iris. Tenía que protegerlo, que nunca se apagase ninguno de sus colores, que brillara y estuviera siempre listo para presentarse en el cielo cuando fuera necesario. Pero para esto, Esperanza necesitaba tener el Arco Iris rodeado de sonrisas de niños. Aitana prometió a su abuela buscar al Hada del Arco Iris y llevar todos los niños que pudiera para no permitir que el Arco Iris se apagase, pero se había perdido, no sabía dónde estaba y hacía tiempo ya que el Arco Iris no aparecía. Por eso estaba tan triste.

–              ¡Yo te voy a ayudar! Dijo Betsabé. Y pegando un salto arrastró a Aitana de la mano hasta la salida de la cueva y junto a Patricio las dos amigas emprendieron un mágico viaje en busca del Hada del Arco Iris.

Caminaron y caminaron, cruzaron ríos, lagos y una cascada donde encontraron a un niño jugando con su pequeña mamut.

–              Hola, ¿cómo te llamas?

–              Soy Yago, y ella es Rita, mi mamut.

–              Vamos en busca del Hada del Arco Iris, que necesita niños para cuidarlo, ¿te gustaría venir con nosotras?

Y Yago encantado con la propuesta se unió a la mágica aventura junto a Betsabé y Aitana.

Patricio también se puso muy contento al conocer a Rita, y así fue como el jabalí y la mamut entablaron una bonita amistad.

Por el camino, los pequeños se encontraron varias tribus que visitaron y en donde a todos los niños que vivían en ellas les contaban su misión y muchos de ellos se unían y decidían acompañarlos.

Los primeros fueron Leo, Luís y Tiago , hijos de valientes cazadores, que se unieron a su misión en con sus pequeñas lanzas y picos.

En una tribu de curtidores, dedicados al trabajo con las pieles para hacer vestidos y trajes, conocieron a Nieves, Inés, Celia Martos y Martina, que se unieron con sus vestidos para protegerlos del frio.

Atravesaron una cueva gigante donde muchos hombres pintaban mezclando varios colores y utilizando pinceles hechos con pelos de animales. Fer, Victor, Aitor, Edu, Pablo y Mario, aprendices de pintura decidieron acompañarlos.

Durante el viaje, Yago se accidentó al escalar una roca, y tuvieron que pedir ayuda a un grupo de curanderos que, con ungüentos mágicos curaba las heridas. Uno de los curanderos tenía cuatro hijos que también sabían curar a las personas, David, Celia Barrena, Martín y Sofi que decidieron acompañarlos por si alguien más necesitaba ayuda.

Una noche fría, se refugiaron en una tribu que se dedicaba a la fabricación de herramientas con palos y piedra y allí, Rubén, Saray, Alex, Clara y Hugo, les enseñaron a hacer fuego para calentarse y se unieron a su aventura.

Y así fue como Betsabé, Aitana, Yago, Leo, Luis, Tiago, Nieves, Inés, Celia Martos, Martina, Fer, Victor, Aitor, Edu, Pablo, Mario, David, Celia Barrena, Martín, Sofi, Rubén, Saray, Alex, Clara  y Hugo junto al pequeño jabalí Patricio y la mamut Rita, caminaron por largos senderos, bosques, selvas hasta llegar al lejano país donde habitaba el Hada dele Arco Iris.

Llegaron a la cima de una gran montaña, allí debería estar el Hada Esperanza, pero no había ni rastro del Hada ni del Arco Iris. Los niños, desolados no sabían que hacer, ¿y si no había Hada? Y si habían llegado tarde y el Arco Iris había desaparecido para siempre?

Pero decidieron intentarlo con más fuerza, no se rindieron y juntos comenzaron a cantar y jugar alrededor de la montaña. Cada vez sus risas eran más fuertes, sus gritos de alegría hacían eco en la montaña y de repente un cegador resplandor apareció sobre la gran roca, y allí entre las nubes blancas y el cielo azul apareció el Arco Iris, más brillante que nunca.

¡Lo habían conseguido! Y frente a ellos se encontraba Esperanza radiante y sonriente.

–              ¡Lo habéis conseguido pequeños! Habéis conseguido que el Arco Iris vuelva a brillar. Juntos con vuestra valentía y esfuerzo habéis hecho un buen trabajo.

Los niños prometieron al Hada que siempre sonreirían, se ayudarían, jugarían y que si alguno estaba triste le consolarían hasta volver a hacerle sonreír, así nunca, nunca más el Arco Iris volvería a desaparecer.

Y así fue, como desde la prehistoria hasta el día de hoy, el Arco Iris sigue saliendo y brillando, porque risas como las vuestras lo hacen posible.

No dejéis de sonreír.

Comment (1)

  1. Creo que este es un cuento, perfecto para demostrar a los niños que juntos se trabaja mejor. Un alegato a la unión y una enseñanza que todos los profes deberían utilizar en el cole. Me ha encantado. Una enseñanza perfecta. Gracias misbombilla

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