EL TESORO DE FERMÍN Y ADELA

5 julio, 2019 Eva Mª Navarro Albaladejo

EL TESORO DE FERMÍN Y ADELA

“Queríamos regalar a un buen amigo algo especial, único, fuera de lo común y que a la vez le hiciera sentir especial, queríamos transmitirle con ese regalo lo importante que es para nosotros. Miss Bombilla captó la idea enseguida y nos propuso regalarle un cuento fantástico, pero a la vez real, que sólo él o su familia lo comprendieran al leerlo. Con un simple cuestionario que nos pasó para que completáramos con él, el resultado fue increíble…”

Fermín y Adela tienen un tesoro.
En un antiguo cofre de madera, Fermín y Adela esconden un rubí, una esmeralda y un diamante.

El armario justo frente a la chimenea es el lugar que eligieron para guardarlo.
Fermín y Adela viven en una casita de piedra entre dos enormes montañas.

Cuando el viento sopla fuerte tienen que encerrarse en casa hasta que pase el temporal, a veces días, y una vez una semana entera.

Hoy ya ha empezado la ventisca. Adela corre a cerrar las ventanas y Fermín pone un taco de madera en la puerta para que se sujete fuerte.

En estos días, Adela prepara chocolate caliente y Fermín tortitas. Junto a la chimenea, conversan horas y horas.
Esta tarde el viento sopla más fuerte de lo normal. Sopla y sopla, y no para de soplar.

De repente, por la fuerza del viento una de las ventanas se abre de par en par, provocando que, todo vuele dentro de la casita de Fermín y Adela.
Fermín y Adela se cogen de la mano para esperar que cese el tiempo ya.

Por fin llega la tranquilada, los pájaros cantan y el sol vuelve a brillar.

Adela se dispone a ordenar la casa cuando de repente se da cuenta de que el armario frente a la chimenea está abierto y el cofre ha desaparecido.

Buscan por toda la casa, el aire ha soplado tan fuerte que ha podido lanzar el cofre a cualquier lugar. Fermín encuentra el rubí, Adela la esmeralda. El cofre vacío debajo del sofá, pero…y el diamante ¿dónde está?

¿Dónde se puede encontrar? Fermín y Adela temen que el viento se lo haya llevado y esté fuera perdido, en cualquier lugar del mundo.

Fermín y Adela deciden salir a buscarlo. El diamante es pequeño y puede que esté muy asustado.
Adela, apresurada, se dispone a preparar unos macarrones con chorizo que mete en una mochila con un cacaolat y una bolsa de gusanitos por si cuando lo encuentren tiene hambre. Fermín sube a su cuarto y coge el flick flack que le regaló y unos libros de historia para que el diamante no se aburra si el viaje de vuelta a casa es muy largo.

¿Por dónde empezamos? Fermín y Adela no saben qué camino tomar. Finalmente deciden empezar por el campo de golf del otro lado de la montaña, si el viento ha soplado en esa dirección posiblemente el diamante se haya quedado a jugar en el campo.
Recorren todo el campo y no hay rastro de diamante.

¿Dónde vamos ahora? Si el viento ha soplado hacia el noreste es muy probable que le haya llevado a la Costa Blanca e incluso a Barcelona. ¡Eso es! Adela recuerda que en Barcelona se está realizando un campeonato de motociclismo, si el viento le ha llevado allí, el diamante se habrá quedado a verlo.

Entre estridentes ruidos de motor buscan y buscan el diamante por las calles de Barcelona, pero tampoco allí lo encuentran.

¿Dónde puede estar? ¿Y si el viento ha soplado hacia el centro? ¿Y si está hambriento? Adela y Fermín están muy angustiados.

Ponen rumbo a Madrid. Pasean por Malasaña, descansan en un banco en la plaza de San Ildefonso, esperanzados de que, en algún momento, el diamante se deje ver por ahí.

De repente Fermín pega un salto, coge a Adela de la mano y la arrastra corriendo. Cree que ya sabe dónde está el diamante. Se plantan frente a un restaurante: La Villa de Foz. Entran sin llamar y revisan el interior, pero sus caras vuelven a reflejar la tristeza que por unos minutos habían sido de efímera esperanza.

Fermín pensó que si el diamante querría comer algo habría ido allí, pero el restaurante estaba lleno y el diamante no estaba en ninguna mesa.

Fermín y Adela estaban desolados, cansados, llevaban una semana buscando al diamante. Tristes, deciden regresar a casa.

Hacía un soleado domingo de verano. Ya en casa, Adela toma en su mano el cofre, lo abre lentamente y observa su rubí y su esmeralda. Los aprieta con fuerza sobre su corazón, es su tesoro, pero no está completo, falta el diamante. Fermín la abraza y juntos dejan el cofre dentro del armario frente a la chimenea. Es hora de continuar con sus quehaceres.

Fermín se dispone a cocinar una paella de conejo, mientras Adela prepara la mesa en el jardín.
Hay luz por todas partes, los pájaros cantan alegres, se respira paz y tranquilidad.
Fermín y Adela se sientan a la mesa y se sirven la apetitosa paella que Fermín ha preparado.
De repente, Adela ve brillar algo en su plato, cree que es causa del sol, pero enseguida descubre que no es un reflejo ¡Es el diamante! Ahí estaba, en el plato, brillando como siempre.

Fermín y Adela se levantan, saltan, se abrazan, bailan de alegría. Juntos van hacia al armario frente a la chimenea, abren el cofre y colocan al diamante junto al rubí y la esmeralda. Su tesoro vuelve a estar completo.

¿Cómo habría llegado hasta allí el diamante? Fermín y Adela no lo saben, no saben dónde ha estado, no saben dónde fue, no saben cómo ha vuelto.

Fermín y Adela han aprendido que, pase lo que pase, su tesoro siempre va a estar completo, porque, aunque de vez en cuando falte uno, finalmente, siempre terminan volviendo a su cofre, dentro del armario frente a la chimenea.

FIN

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